Caminando Hacia la Pascua 2026
V Domingo de Cuaresms ciclo A
“¡Lázaro, sal fuera!” (Jn 11,43)

Hay momentos en la vida en los que sentimos que algo ya murió. Relaciones que se rompieron.
Errores que pesan demasiado. Heridas que no terminan de sanar.
Y poco a poco, sin darnos cuenta, empezamos a pensar: “esto ya no tiene solución.”
El Evangelio de este domingo nos lleva precisamente ahí… frente a una tumba.
Pero lo más sorprendente es que Jesús, antes de hacer el milagro, no actúa de inmediato.
Primero provoca algo más profundo. Se encuentra con Marta y le dice: “Tu hermano resucitará.” Y luego le pregunta directamente: “¿Crees esto?” Porque el milagro no comienza en la tumba… comienza en el corazón.
Antes de transformar la situación, Jesús quiere despertar la fe. Después, ocurre algo que nos revela quién es Dios: Jesús llora. Pero no es un llanto de desesperación.
Es un llanto profundo, contenido… un llanto que siente el dolor, pero que sabe que la muerte no tiene la última palabra.Jesús no se queda lejos del sufrimiento. Entra en él. Lo comparte. Lo abraza.
Y entonces, frente a lo que todos daban por perdido, y lloraban desconsolados, grita con autoridad: “¡Lázaro, sal fuera!”
Esa palabra no es solo para Lázaro. Es también para nosotros. Porque todos tenemos “tumbas” en la vida: situaciones que nos paralizan, pecados que nos atan, miedos que nos encierran.
Y muchas veces nos acostumbramos a vivir ahí.
Pero hoy, queridos jóvenes, Jesús vuelve a pasar por nuestra historia… y nos llama por nuestro nombre. Nos llama a salir.A dar un paso. A levantarnos. A volver a empezar. Porque para Dios, nada está definitivamente perdido.
Oración
Señor Jesús, tú conoces nuestras tumbas, lo que nos duele,lo que hemos dado por perdido.
Hoy queremos escuchar tu voz.
Y aunque nos cueste, danos la valentía de salir. Porque creemos que sigues llamando… y que contigo, siempre es posible empezar de nuevo.Amén.
No naciste para quedarte en la tumba.
Cristo te llama a salir.
Dios tebendiga.
Diácono Edwin José Martínez
